EL CRISTIANISMO Y LA GUERRA

Por ANNA HAMILTON

 

Una vez más la iglesia debe enfrentarse con la pregunta: "¿Cuál será nuestra actitud frente a la guerra?".

Lo extraño es que tal pregunta pueda surgir. ¿No es de incumbencia de la Iglesia Cristiana enseñar y practicar la doctrina y la tradición pacífica establecida por el propio Maestro Jesucristo, simbolizada en su vida y en su muerte? No puede haber ninguna duda sobre cuál sería el pensamiento de Cristo y qué actitud tomaría en este asunto.

Adolfo de Harnack, en su tratado "Militia Christi", estudió profundamente la relación entre el cristianismo y la guerra durante la era primitiva del cristianismo. Nos hace ver sin lugar a dudas que ser cristiano y soldado no encuadra en la enseñanza de Cristo. Cristo repudió definitivamente toda clase de venganza, guerra y derrame de sangre humana. El juramento de un soldado es contrario y en abierto repudio a la obediencia de Dios.

Controversia entre los Padres de la Iglesia

A fines del siglo segundo de la era cristiana se produjo el cambio. Unos pocos cristianos participaban del ejército romano. En estas circunstancias se produjo una batalla espiritual entre los líderes de la Iglesia. Tertuliano (150-230), Orígenes (185-250) y otros patriarcas de la iglesia alzaron sus voces e insistieron en que los cristianos deberían abandonar las filas del ejército. Orígenes en su obra "Homiliae in Jesu Nave", dijo: "Nosotros los Cristianos no podemos empuñar la espada y luchar en contra de nuestros semejantes, no debemos aprender el arte de la guerra, somos hechos hijos de paz mediante nuestro Maestro Jesús".

"Podemos, mediante nuestras oraciones, destruir todos los demonios que son los causantes de odios y guerras, representamos una mayor ayuda para los que gobiernan que aquellos que van a la guerra: nuestra lucha es con armas espirituales; que son nuestras oraciones dirigidas al trono de Dios".

Constantino el Grande, el gran oportunista

Estas condiciones prevalecieron hasta el siglo IV DC. En aquel tiempo Constantino el Grande era emperador de Roma. Con gran visión, él, un pagano, vislumbró la inmensa posibilidad que ofrecía en lo militar y político, el culto religioso. Entonces favoreció a los cristianos y ordenó la suspensión de las persecuciones. Al regresar victorioso de una de sus campañas, Constantino proclamó haber visto una cruz flamígera en el firmamento con las palabras: "In hoc signo vinces" (Con este signo vencerás).

Constantino proclamó haber tenido una visión celestial para así poder vencer a sus enemigos. Entonces adoptó la cruz cristiana como emblema de la nueva religión, la cual desde entonces sería la religión oficial. ¿Habrá quedado así cristianizado el Imperio Romano?

Constantino ordenó por la fuerza que las gentes fueran bautizadas. Fueron llamadas por decreto, millares de personas, paganas, judíos y bárbaros. Lo curioso fue sin embargo, que él.Constantino, no quiso ser bautizado. Todo resultó ser una gran farsa, sólo quiso aprovecharse de la situación. Era un verdadero oportunista, A uno de sus hijos lo llamó Constantino Ir a otro lo llamó Constans, a un tercero lo llamó Constantinius, a una hija le dió el nombre de Constantina. Fundó una ciudad y la llamó Constantina y bautizó con el nombre de Constantinópolis la capital imperial que él "reconstruyó".

El Cristianismo de Constantino

Tan "cristiano" era Constantino, que deshizo a todos sus rivales, entre ellos Máximo, a quien forzó a que se suicidase. Mandó asesinar a su suegro porque no le gustaba. Lo mismo hizo con su cuñado y su primo. Mató hasta su propia esposa Fausta y a su hijo Crispus. Tanto le placía aparecer en público como benefactor, que astutamente dió orden de libertar a los cristianos de las cárceles y los sacó las catacumbas y mandó construir suntuosos templos cristianos, los que aún en el día de hoy pueden ser admirados. Con gran habilidad convenció a los líderes influyentes de la iglesia de que la fe cristiana y la guerra eran buenos aliados. En poco tiempo inculcó en la juventud cristiana el espíritu de la guerra. Luego los hijos de los antiguos mártires tomaron parte en las campanas imperiales, queriendo dominar por la fuerza de la espada a los pueblos paganos. Antes de morir, Constantino se dejó bautizar para dejar al mundo la ilusión de haber sido el primer emperador cristiano.

¿Cristiano? ¡Eso nunca! Pues cuando la Iglesia aceptó la regencia de Constantino, abrogó el verdadero cristianismo para tomar el constantinismo. Se invirtieron los papeles, en lugar de Iglesia perseguida, se convirtió en perseguidora de aquellos que no querían seguir la doctrina cristiana, o por mejor decir constantiniana. Desde entonces y por unos 1600 años la Iglesia Universal (Catholicus) se convirtió en un instrumento de guerra, Ya los hijos de Constantino, Constantino II, Constans y Constantinius siguieron el ejemplo de su padre y mataron y exterminaron a todos sus parientes con excepción de. Galiyus Juliano.

Bendición de las armas

Para probar cómo la iglesia y la máquina de guerra anduvieron combinadas, basta recordar las dos últimas guerras, cuando oficialmente ministros de la iglesia impartieron su bendición sobre las armas y máquinas infernales destinadas a la matanza de millones. Oraciones especiales fueron hechas en las diócesis a favor de la victoria sobre el enemigo del país y lo mismo se hizo en campo enemigo. Antes de cada batalla una oración fue elevada y una bendición impartida sobre cada cuerpo del ejército. Felizmente no todos los cristianos ni tampoco todas las denominaciones religiosas sucumbieron a la ideología Constantiniana; siempre han quedado minorías que se conservaron fieles a los principios del espíritu de Cristo. En general sin embargo, la Iglesia dejóse envenenar por el espíritu de la guerra y estimuló a sus hijos a que tomasen la espada para matar.

Guerras santas

Ya en aquellos años, so pretexto de establecer oficialmente el cristianismo como religión de Roma, el verdadero ideal y propósito de Cristo para la humanidad se perdió. Guerras horrendas llamadas "Guerras Santas", incendiaron y arrasaron pueblos enteros durante siglos. Las "Cruzadas" quedan en la historia como una vergüenza imborrable para los cristianos y la "Cruzada de los niños'”, en la que perdieron la vida no menos de 30.000 menores, fue una de las páginas más estúpidas y grotescas que se pueden imaginar. Ni siquiera hemos hecho mención de las opresiones, persecuciones y de las horripilantes inquisiciones, todo ello obra vergonzosa de la iglesia organizada y oficial. La verdad es ésta: que con excepción de pequeños grupos de creyentes acá y allá, que se conservaron fieles hasta el día de hoy, el verdadero espíritu cristiano murió en el mundo y el constantinismo tomó su lugar.

Pensamos con admiración en los pequeños grupos que hicieron para sí una historia brillante de felicidad, abnegación y tremendos sacrificios, para poder seguir las enseñanzas de Cristo, a fin de no sentirse heridos en sus conciencias ante¡ las monstruosidades humanas; por quererse obligar a los jóvenes cristianos a ir a la guerra y matar a sus propios hermanos. Los Quáqueros, los Hermanos, los Menonitas, los Discípulos y muchos otros dieron un ejemplo admirable de constancia y firmeza de fe.

Pobre argumentación

El cínico clero afirma que el propio Jesús hizo uso de la fuerza cuando expulsó a los mercaderes del templo, argumentando de ese modo que la guerra es lícita. La verdad es que el Señor Jesús jamás usó de la violencia pues el mero hecho de haberse convertido en un celoso de la casa de oración, no da derecho a afirmar que haya agredido a alguien corporalmente. Su espíritu en realidad era manso y humilde, y El no s610 n03 enseñó a p9rdonarnos los unos a los otros, sino que perdonó a sus perseguidores más crueles, .mismo en la hora de su muerta en la cruz.

En la guerra, la juventud inocente que nada sabe y nada malo pretende, es artificialmente agitada y forzadamente entrenada para lanzarse contra sus semejantes, quienes nada le hicieron y a los cuales nunca antes habían visto, con la orden estricta de matar, destruir y conquistar hogares, tierras de otros para los cuales la vida resulta tan querida y preciosa como le resulta a ellos mismos. El objeto de la guerra es matar. Cristo sólo abogó por coaccionar a las almas perversas y tardas en arrepentirse. No hay ninguna semejanza entre la enseñanza de Cristo y la ley de la guerra.

Aún hay una posibilidad de que la iglesia comprenda su error, escoja el camino de Cristo y deje el camino de la guerra que es el del constantinismo. La Iglesia podría aún contribuir a evitar la futura desgracia entre las masas humanas, entre las cuales ella tiene 300.000.000 bajo su influencia; podría encaminarlos a los principios de Cristo, que son el perdón y la buena voluntad entre los hombres.

Para los cristianos regenerados la guerra es un instrumento del mal y la rechazan absolutamente, pues saben que hay otros medios más dignos de hombres civilizados y cultos, de resolver diferencias internacionales.

Ningún poder en el mundo podría oponerse a un cristianismo unido

El mundo necesita un verdadero cristianismo. ¿Despertará la Iglesia. y contribuirá a la paz entre los pueblos, para así poner fin a las guerras vergonzosas?

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La Fraternidad de Reconciliación y Paz es una asociación integrada por hombres y mujeres de todas nacionalidades plenamente convencidos de que el amor que enseñó y practicó Jesús debe gobernar toda relación humana y que este amor no es un sentimiento vago sino la energía radiante de un corazón decidido a crear amistad. Los miembros de la Fraternidad sostienen, como lo hicieron sus fundadores en 1914, que el amor es el único poder capaz de vencer el mal y redimir la sociedad y que la vida del hombre debe ser intangible y su conciencia inviolable.