UNA LUZ, MUCHOS NOMBRES

Por Harvey Gillman

Pues, por fin estoy aquí. Ante todo debo decir que espero que me entiendan. He sido profesor de francés e italiano en escuelas en Inglaterra. Después de salir de la universidad, aprendí español con la ayuda de libros. Y en Inglaterra, el español que aprendemos es el castellano de España. Nunca antes estuve en América Latina, pero he ido algunas veces al sur de España y a las Islas Canarias, así que sé un poco sobre los acentos españoles. Me hice miembro de los Cuáqueros en Inglaterra hace unos dieciocho años - y mi Cuaquerismo tiene un acento inglés.

La cultura es muy importante, porque forma nuestra manera de ver el mundo. Cuando pensemos en una religión, es difícil algunas veces distinguir lo que en la religión es cultural de lo que es más universalmente espiritual. En Inglaterra, como saben, ya no tenemos un tipo oficialmente evangélico de Cuaquerismo; aunque hace cien años la Junta Anual de Londres seguía esa tendencia. Como otros que hoy en día se hacen miembros en Europa no tuve la más mínima idea de que la mayoría de los Cuáqueros del mundo se llaman evangélicos. Hace unos cinco años en Richmond, Indiana, tomé parte en una consulta acerca del modo Cuáquero de evangelizar. Fue allí que conocía a Cuáqueros de tradiciones distintas: liberales, evangélicos, conservadores, etc. Me gustó conocerles y fue bueno descubrir a Amigos auténticos detrás de las máscaras y las etiquetas que llevaban. Esto es muy importante para mí - que no tomemos partido los unos en contra de los otros, sino que nos veamos como personas cuyas experiencias son reales y cuyas aspiraciones podemos compartir, que podamos aprender los unos de los otros y que podamos apreciar lo que hay de Dios en cada uno. Ni la cultura en la que nacimos, ni la tendencia que seguimos, ni los nombres que nos damos, son tan importantes como la esencia de la fe. Espero que les sea difícil clasificarme; porque me llamo cristiano universalista, muy influenciado por un judaísmo místico y el budismo zen. También me gusta visitar los templos hindús. En otros términos, soy seguidor del camino. El camino lleva a Dios, y es Dios; pero mis pies son humanos, y por eso de arcilla.

Los Consejos Generales de la Junta Anual de Gran Bretaña empiezan así:

Presten atención, amigos queridos, a los impulsos de amor y de verdad que sienten en sus corazones; tengan confianza en ellos porque son las llamadas de Dios cuya Luz nos descubre nuestras tinieblas y nos conduce a una vida nueva.

Examinemos de cerca este texto. El Cuaquerismo surgió en una época en que los calvinistas eran poderosos en Inglaterra. Según ellos, todos los seres humanos merecían la condenación, pero Dios en su misericordia había decidido redimir a unos pocos por medio de la muerte de su hijo en la cruz. Es en este mismo período los Cuáqueros primitivos buscaban su propia verdad. Habían oído a los pastores y a los predicadores calvinistas, pero estos no les convencieron. Estas ideas de condenación eterna deprimieron tanto a George Fox como a muchos otros del la misma época y después. Fue durante una de estas depresiones que Fox tuvo una revelación:

"Y cuando hube perdido todas mis esperanzas en ellos y en todos los hombres, de modo que no tenía nada externo en que apoyarme, ni podía decir qué es lo que iba a hacer; entonces, Oh! entonces oí una voz que me dijo: "Uno hay, Jesucristo, que puede comprender tu estado", y al oír esto, mi corazón saltó de gozo".

Y esta voz, Fox no la oyó en la páginas de un libro, ni por los predicadores, los pastores, los sacerdotes, ni en los ritos de las iglesias, sino a medida que se volvió hacia adentro en silencio. Para Fox, Cristo fue una realidad viviente, una voz, una luz en todos los seres humanos - no sólo en unos pocos, como lo pretendieron los calvinistas, y no sólo en la páginas de las Escrituras, sino en lo más hondo de cada persona. Así fue suprimida la distancia entre Dios y la humanidad; cada uno debía oír y obedecer a la voz interior de Cristo, ser iluminado por su luz para que su vida fuera transformada. Hubo tres etapas en esta transformación: primero oyó la voz interior en el silencio y se dio cuenta de sus faltas; después se volvió al Cristo interior; se reunió con otros en un sentido más profundo de unidad, y luego se pudo salir al mundo a ser testigo de una nueva visión de las cosas - podía ayudar a realizar el reino divino. El proceso era negativo - la luz de Dios nos muestra nuestras tinieblas - y positivo - nos lleva a una nueva vida. Pero en cuanto a su teología los Cuáqueros primitivos eran algo vagos. En efecto no les importaba del todo el crear una teología sistemática. Se veían no como profesadores de la palabra, sino como hacedores de ella. Es difícil distinguir entre las palabras que usaban: la luz, la voz, la semilla, Cristo, Dios, Espíritu. Esta fuerza interior era activa, fuente de sus acciones y los Cuáqueros no pasaban su tempo intentando analizar sus características de una manera filosófica. Era a la vez el impulso y el juez - el Cristo universal que les empujaba a actuar para restaurar el reino divino y que les juzgaba cuando fallaban.

Era a la vez el Cristo viviente e histórico y un principio universal y esta ambigüedad iba a ser fuente de conflictos posteriores. Esta ambigüedad se encuentra en la obra de Juan Woolman, cien años después de Jorge Fox. Escribe:

"Hay un principio puro, puesto en el corazón humano, el cual en lugares e imágenes distintos tiene nombres distintos; es, sin embargo, puro y proviene de Dios. Es profundo e interior, no limitado a ninguna forma de religión, ni es excluido de ninguno cuyo corazón queda en una sinceridad perfecta. Todos en quienes esto se arraiga y crece, de cualquiera nación, se hacen hermanos."

Este principio es de Dios, es universal, aunque para Woolman lleva la cara de Cristo. Pero Woolman no lo limita a una cultura o imagen específica. No es el nombre que cuenta sino el modo de ser - nombres distintos sí pero unidad de acción y de ser. Imágenes distintas pero unidad interior y solidaridad exterior. En el caso de Woolman esta unidad se expresó en su solidaridad con los esclavos, con los marineros oprimidos, con los caballos agotados que debían transportarle por Inglaterra. Woolman no habla de la salvación, habla de un amor activo y social, un amor a sus hermanos y hermanas de todas naciones, de todos colores - y también a los animales y a la naturaleza que le rodeaba.

Hasta fines del siglo dieciocho, se podía decir que los Cuáqueros en todo el mundo tenían el mismo modo de adorar - adoraban en silencio; aunque no tenían credos, tenían creencias semejantes.

Las divisiones actuales datan del siglo diecinueve - y desde este período podemos hablar de diversas tendencias distintas. Había quienes mantenían el culto silencioso y desconfiaban de los grandes surgimientos de entusiasmo del movimiento metodista y de los evangélicos. Desconfiaban de la teología evangélica considerándola como mera teoría y abstracción. Siguieron siendo cristianos pero seguían buscando la luz divina en cada persona. Son ellos los antepasados de los Cuáqueros silenciosos de tendencia liberal del siglo veinte.

Había también quienes estaban influenciados por la teología evangélica pero recelosos ante reuniones programadas y ante las iglesias dirigidas por un pastor. Seguían los usos quietistas antiguos; su habla permanecía sencilla como sus vestidos y su culto. Son ellos los antepasados de los Cuáqueros conservadores hallados en uno o dos estados de EE.UU.

Otros, por otra parte, estaban más abiertos a la teología evangélica. Se volvieron a la biblia y a la suma importancia del sacrificio de Jesucristo para la redención de los pecados. Algunos de ellos fueron hasta declarar una herejía la idea de la luz Interior - algunos quisieron hasta restaurar el bautismo y la eucaristía.

El Cuaquerismo británico por la mayor parte en el siglo diecinueve estaba bajo la influencia de los evangélicos, pero hubo muy pocas divisiones y las juntas de los Amigos se quedaron silentes. A fines del siglo diecinueve sin embargo influencias más modernistas se hicieron oír más fuertemente - especialmente por las voces del los Amigos Jóvenes.

El tipo silente del Cuaquerismo ha experimentado cambios significativos durante las últimas décadas. Déjenme explicar esto con una imagen astronómica. Imagínense el sol rodeado de sus planetas. Cada planeta recibe la luz del sol - la luz es una e ilumina todo desde el exterior. Los Cuáqueros primitivos hablaban de la presencia en medio del grupo. Esta presencia iluminaba a todos y hablaba a todos. Sus rayos tocaban a cada corazón, pero es una luz que obra de fuera (desde fuera hacia adentro). Para algunos Cuáqueros modernos, por otra parte, el Espíritu obra sola y completamente de dentro del individuo. Los Cuáqueros primitivos sostenían que conocíamos sí al Espíritu de Cristo en el corazón, pero también en el mundo - una fuerza inmanente y trascendente; estos Amigos modernos subrayan la interioridad casi con exclusión del Cristo exterior. Y por eso no encuentran importante la relación con el Jesús histórico. En efecto subrayan el aspecto universalista de la luz hasta tal punto que no ven en absoluto la necesidad de la conexión cristiana. Debo decir que esto no es la posición de todos o aún de la mayoría de los Amigos silentes de esta tradición, pero es una tendencia creciente.

En reacción a todo esto, se habla de una división entre los Amigos cristocéntricos y universalistas - o entre los evangélicos y los liberales. Yo no hallo útiles estas etiquetas, salvo como polarizaciones que tienden a los extremos. Hay que recordar que la sociedad norteamericana es muy diferente de la británica - geográfica y teológicamente. En Gran Bretaña, las personas de teologías muy distintas se reúnen a adorar juntos. Es el silencio que les mantiene juntos. Nosotros no tenemos juntas programadas. En los Estados Unidos, se han dividido por causas teológicas; en Gran Bretaña tenemos una sola Junta Anual. Irlanda por motivos históricos y geográficos tiene su propia Junta Anual. Yo hablo por lo tanto del contexto británico, donde la Junta Anual todavía se llama Cristiana sin definir lo que significa el cristianismo. Los universalistas pretenden incluir el cristianismo como una forma de la verdad; pero dicen también que todas la religiones se refieren a este principio interior. Como introducción a su literatura por ejemplo, escribe el Grupo Universalista Cuáquero:

El Grupo Universalista Cuáquero cree que la conciencia espiritual es accesible a hombres y mujeres de todas las religiones o de ninguna; y que ninguna fe sola puede pretender ser una revelación última o tener un monopolio de la verdad. Este grupo está abierto a Cuáqueros y a no-Cuáqueros.

La mayoría de los británicos comparte ideas semejantes y muchos como yo diríamos que podríamos aceptar la universalidad del principio mientras todavía encontramos la historia cristiana la que nos ayuda en nuestro camino espiritual. Podríamos añadir que encontramos las semillas de ambas tendencias - cristiana y universalista - en el Cuaquerismo tradicional.

Uno de los peligros del cuaquerismo contemporáneo en Gran Bretaña como yo lo experimento no es la división teológica, sino el individualismo extremo. En el modelo que ya cité del sol que echa sus rayos en cada planeta, se puede decir al menos que los planetas están rodeando el mismo sol y que la luz es una. Si, por otra parte, decimos que cada uno tiene su propia luz - una luz que erróneamente identificamos con nuestras propias conciencias, entonces es difícil conseguir un acuerdo común. Se debe recordar que en los primeros días del Cuaquerismo, la experiencia individual de la luz era sometida a la prueba del grupo. Después de todo, cualquiera puede decir que ha recibido un mensaje. La pregunta que debemos hacernos es cómo sabemos si el mensaje viene de nuestra propia voluntad o del Espíritu. Los peligros del individualismo de los Amigos del siglo diecisiete eran refrenados por este proceso del grupo, porque creían que esta luz que brillaba en cada persona brillaba también en el grupo. Si, hoy en día, no aceptamos esto, entonces ya no es posible tomar una decisión colectiva. Llegamos a ser sólo una colección de luces distintas.

Este peligro fue considerado desde un punto de vista explícitamente cristiano en 1972 por Hugh Doncaster, cuáquero inglés. Escribe:

Es fácil interpretar mal esta luz interior; se puede tomarla como invitación al individualismo y a la anarquía si se concentra en la experiencia subjetiva que cada uno ha tenido. Pero es una parte igualmente importante de nuestra fe y práctica el reconocer que no estamos afirmando la existencia y la prioridad de tu luz y de mi luz, sino de la luz de Dios, del Dios que se manifiesta sobre todo en Jesús.

Esta interpretación del cristianismo no satisfará a los que exigen que Jesús deba ser reconocido como Salvador de la humanidad pecaminosa. Subraya sólo que para muchos de nosotros lo que Dios requiere de nosotros lo sabemos por la vida y la enseñanzas de Jesús, y que el espíritu que estaba en Jesús todavía está viviente en todos los que viven la vida de amor incondicional - cualquiera sea el nombre que demos a este espíritu, cualquiera sea la cultura en la que se encuentre.

El título de esta charla es Una luz, Muchos Nombres y este título fue inspirado por la palabras de Juan Woolman. Quisiera ahora terminar con una declaración de donde yo estoy en mi camino espiritual. Si me llamo cristiano, es por dos razones: primero la historia de Jesús me conmueve y me enseña mucho sobre los seres humanos, nuestras aspiraciones, y nuestras limitaciones. Me ofrece la posibilidad de avanzar. Segundo, creo que el espíritu de Cristo que llenaba a Jesus es una potencia en la vida de todos los hombres y de todas la mujeres. Estamos llamados a ser Cristo, es decir que todos estamos ungidos para el trabajo único que es nuestra tarea particular. Cada trabajo es único, todos tenemos nuestros dones particulares. Es como si fuéramos todos encarnaciones de Dios y que la historia divina estuviera mediada por nuestras vidas diversas. No hay un solo nombre, porque hay una diversidad de vidas. He encontrado imágenes de esta historia en el judaísmo, el budismo, y el hinduismo, como en el cristianismo.

Todo esto no es nuevo en el Cuaquerismo, Guillermo Penn en 1693, escribió:

Los humildes, los mansos, los compasivos, los justos, los piadosos, las almas devotas, están en todas partes, de una sola religión; y cuando la muerte les haya quitado la máscara se reconocerán; aunque aquí, por los vestidos que llevan, sean desconocidos, los unos a los otros.

Tal vez sea nuestra tarea como Amigos ayudar a los hombres y a las mujeres a aprender a conocerse - a sí mismos y los unos a los otros.

Harvey Gillman
el 28 de junio de 1996