Una Interpretación del Cuaquerismo
Por Rufus Jones

Rufus M. Jones (1863-1948) se crió en una comunidad rural cuáquera del estado de Maine en los Estados Unidos de Norteamérica. Fue por muchos años profesor de filosofía en el Colegio Haverford, en Pensilvania; también fue un eminente historiador y una autoridad en misticismo. Su amplia influencia como autor y conferencista se aumentaba con el don de poder hacer las demostraciones más aptas y humorísticas. Hizo una gran contribución en la labor de terminar las divisiones entre los Amigos de los Estados Unidos y en la tarea de crear una comunidad mundial de los Amigos. El presente trabajo se publicó primero como un volante en 1930 y desde entonces se ha reproducido muchas veces.
Traducción de Jorge Hernández



La Luz Interior, idea central del cuaquerismo, no es una frase abstracta. Es una experiencia. Da lugar a un tipo de religión que se aleja de las áridas nociones teológicas y en su lugar insiste sobre una experiencia real y vital de Dios que se revela a las personas en su propia alma, en su propia vida personal. Cristo ya no representa el Ser que vino al mundo para efectuar un esquema de salvación, un esquema que pueda ser intermediado de ahí en adelante por los hombres o por una iglesia autoritaria después de ser llevado a los cielos de donde vino. De este modo, Cristo es Dios mismo revelándose eternamente, es Dios en relación inmediata con los hombres. Cristo con su venida no cambio la actitud divina; en él Dios se reveló tal como es y ha sido esencialmente, e hizo constar el hecho claro de que es Dios mismo el que se revela y está presente en el interior de toda vida humana que se abre y le recibe. Ya no necesitamos más ir a ninguna parte para hallarlo, como no necesita el pez lanzarse para encontrar el océano o el águila para encontrar el aire en que vuela. Si esto es cierto, hemos encontrado una imponente y gran verdad por la que, para sostenerla, vale la pena luchar y sufrir. Los primeros cuáqueros creyeron con toda su alma y todo su poder que algo así deveras era verdad, que era una verdad descubierta y probada en su propia experiencia y que ellos mismos eran su demostración.

Estoy yo, hoy, tan seguro de ello, como estos cuáqueros lo estuvieron en su tiempo. No es fe pasada de moda, es experiencia actual. Somos todavía muchos los que podemos decir, como Isaac Pennington (*), "Este es El, que esperaba y buscaba desde mi niñez, es El, no hay otro. He encontrado a mi Dios; me he reunido con mi Salvador." De hecho, hoy tenemos mucho más terreno, en la Filosofía, en la Psicología, del que tuvieron los primeros cuáqueros, para sostener esta verdad acerca de la naturaleza de Dios.

No es una fe, como algunos piensan, que se acerca al panteísmo, al menos no más de lo que lo hace cualquier otra fe religiosa. Nuestra personalidad es real, si es que hay algo real; no se funde o diluye, ni pierde su identidad o deja de ser mía o tuya al aceptar la convicción de que Dios, como Cristo lo mostró, está continuamente revelando su vida, amor y poder espiritual en personas como nosotros. Esto no significa que el mundo alrededor no sea real o que el dolor no sea real o que la maldad y el pecado no sean hechos reales. Hay todavía, y al parecer deberá ser así por el presente, algunos misterios de la vida que se pegan a nuestra naturaleza de seres humanos, demasiado profundos para nuestras sondas. Dejémoslos hasta que encontremos más luz para dilucidarlos; entre tanto bien haremos en proclamar, con convicción y práctica, esta verdad de que Dios no está ausente ni es ininteligible, sino todo lo contrario, que se ha revelado tan verdaderamente como la luz o la electricidad o la gravitación o la vida y que se ha revelado en la única manera en que podía haberse revelado, en una Persona. Pero más aún, bien haremos en declarar, de modo que los hombres crean, que la revelación de Dios aún continúa, que lo encontramos en nosotros y que tenemos con él una relación viviente y que la naturaleza espiritual del hombre tiene acceso a El. Este tipo de experiencia, base de la religión, es lo que significa, hoy, para nosotros "La Luz Interior".

No es, desde luego, esta Luz un sustituto para la Historia -la lenta verificación de la verdad a través del proceso histórico; tampoco es un sustituto de la sagrada escritura, la mas alta expresión de experiencia religiosa. No hay sustituto para cualquiera de estas dos vías de revelación divina. Nadie que descuide el desenvolvimiento de la voluntad y propósito de Dios en la historia y en la sagrada escritura puede reponerse de este descuido recalcando el reclamo de ser recipiente de una revelación personal. Nadie puede romper la conexión orgánica con el movimiento espiritual del pasado y confinarse a este delgado canal de abastecimientos sin sufrir pérdida. Pero es al mismo tiempo claro, en base a la fe cuáquera, que la Escritura no puede pensarse como la única fuente de verdad y revelación, como la sola y única palabra de Dios. Toma su sitio más bien como un patrón de literatura espiritual, rica con la experiencia de vidas santas y elevada por una inspiración inequívoca a un valor religioso incomparable.

Otra característica importante del cuaquerismo es el experimento que ha hecho, y está haciendo, de la práctica de una religión laica. El cuaquerismo propone tirar por la borda toda la pesada carga de "nociones" teológicas, incluyendo la de la depravación innata en el hombre. También propone arrojar todo vestigio o reliquia de artificio sacerdotal o que implique sacerdotalismo o mediación religiosa de una persona para otra. Cada quien, hombre o mujer, en este experimento se supone poseer la capacidad espiritual, dado que Dios es espíritu, de llegar, sin mediación a la viviente y directa relación con Él. No hay "favoritos", no hay personas que tengan el privilegio exclusivo de realizar las "cosas sagradas" para otros. Cada persona debe ser religiosa para sí misma o nunca alcanzara los frutos de la religión. La vida es esencialmente sacramental y muchas de las más comunes cosas de la vida cotidiana nos traen la conciencia de la presencia real, para que, aquí otra vez, no se sienta la necesidad de un sacramento especial o de un mediator privilegiado. Así el Ministerio es un variado servicio. Cualquiera que pueda ser cristiano puede ser ministro de algún modo. Así el ministerio es de muchos tipos, tiene muchas formas y muchos grados. Pero como la vida misma, el valor espiritual se determinará, en gran medida, por la fe personal, la calidad de nuestro carácter, la dedicación de nuestro espíritu, por estar sensible a la guía y tener la disposición de pagar el costo de la excelencia. Esta ventura de fe en el experimento de una religión laica es uno de los más originales, de los más atrevidos intentos que el cuaquerismo ha hecho.

El cuaquerismo del pasado no sólo se ha rehusado a constreñir sus experiencias sacramentales a ocasiones raras, sino que también se ha rehusado a limitar el "servicio divino' a temporadas seleccionadas o lugares especiales. Se ha propuesto llevar la conciencia y la inspiración de Dios a todas las actividades de la vida y a elevar las tareas de la vida cotidiana y de nuestro trabajo a niveles espirituales y convertirlas en avenidas del ministerio y del servicio. Este ideal es distintivamente un ideal vivo hoy. La pasión de San Pablo por llenar lo que le hubiese faltado sufrir a Jesucristo por los hombres ha sido, en alguna medida, compartida por muchos de los Amigos que han dado forma a la historia cuáquera. No puede haber un cuaquerismo, por grande que sea, ahora o en el futuro, que no lo sienta así y lo comparta; bien haremos, por lo tanto, como lo hemos hecho muchos de nosotros, en unirnos en la oración de nuestro joven y amado líder John Wilhelm Rowntree cuando dice: "Oh Cristo, pon sobre nosotros la carga de los sufrimientos del mundo:'

Finalmente, quisiera decir algo acerca de la té que los cuáqueros tienen de que la manera de vida que Cristo nos mostró es un método práctico para guiar nuestra vida en el mundo de hoy. Sus enseñanzas y su dedicación, llevada al sacrificio, a este principio central inauguró un nuevo reino, un nuevo tipo de sociedad, un mundo nuevo, un método nuevo para tratar el mal y una nueva fuerza constructiva. Los Amigos han ido bastante lejos en tomar esto en serio, esto es, lo han llevado hasta la experiencia personal. En tanto han aceptado sus ideales y apreciado su espíritu ellos han descubierto que la guerra y el método del odio y la venganza resultan imposibles. Sienten que, no importa que pase, esa manera de resolver los problemas del mundo no puede usarse. Debe encontrarse una nueva manera y debe ser tal, que venza al mal con el bien que conquiste la oscuridad con la luz, que derrote el error con la verdad y que alcance sus logros y desarrollos con la potencia y el poder cooperativo del amor.

La práctica de esta manera constructiva de vivir es en el momento crítico del presente el principal asunto del cuaquerismo. Esta "manera" no esta señalada por mojoneras o flechas indicadoras definidas. Como todas las aventuras espirituales tiene riesgos y peligros; llama a una gran visión y a un trabajo creativo que abra caminos. No se puede caminar con textos; se debe caminar con fe. Es sin duda verdad que muchos Amigos en el pasado han tomado muy en cuenta algunos textos definidos, como lo hicieron sus predecesores en pequeñas sectas, como los Waldenses y los Lollards. Ciertas enseñanzas positivas de Jesús han resuelto el caso para ellos y han proporcionado el campo y las bases para rehusarse a tomar parte en las guerras y asegurarles una positiva manera de vivir. Esto sin embargo se torna insustancial. Una religión al pie de la letra es una pobre base para la fe religiosa; y el legalismo, esto es obediencia ciega, a un ordenamiento, lleva a una forma inmadura de moral. Más aún, no hay texto que pueda citarse que no esté abierto a muchas y diversas interpretaciones. Hemos visto en estos años de conflicto, cómo los textos que hablan de la paz en el nuevo testamento han sido usados en los púlpitos de los defensores de la guerra para justificar o santificar la participación en el campo de batalla. Nuestros evangelios no están escritos en el lenguaje exacto y preciso de la ciencia; Su expresión es libre, están en un estilo de trato y conversación, de vida y de movimiento, de inspiración y lirismo. Sus palabras no pueden tenerse como significados de una sola y única cosa. Deben verse, como todas las cosas grandes del mundo se ven, con cada variante perspectiva personal y con muchas tonalidades de color individual. Es cierto que en las Escrituras como en el Santo Cáliz cada quien ve lo que ve.

Es un tipo de vida lo que captura hoya los Amigos. Es una visión, un ideal, un espíritu el que toma posesión de su alma. Es la impresión imborrable de la aventura de Cristo lo que los toma. Quizás estén equivocados en su interpretación de esta vida, de este ideal, de esta persona divina, pero equivocados o no ellos ven lo que ven y no pueden menos que seguir su visión.
 

(*) Isaac Pennington, cuáquero inglés nacido en 1616 y muerto en 1678.
 


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Wider Quaker Fellowship
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