Que hablen nuestras vidas:
algunas reflexiones sobre el testimonio cuáquero de la sencillez

Por Rose Adede
Traducción de Jorge Hernández

PRESENTACIÓN

Este trabajo fue presentado por Rose Adede, como principal oradora en la Reunión Mundial de Amigos Jóvenes del año de 1985, que se celebró en Greensboro, Carolina del Norte en los Estados Unidos. Esta Reunión, que duró algunos días, conjuntó a más de 300 jóvenes adultos de 34 países del mundo que provenían de una amplia diversidad de Juntas Anuales de la Sociedad Religiosa de los Amigos y buscaban poder escucharse unos a otros y aprender mutuamente de sí mismos. A la clausura de la Reunión, como acostumbran los Amigos, se leyó una "Epístola a los Amigos de todo el Mundo" que expresa el verdadero sentido de la diversidad como manifestación de riqueza espiritual tanto como su principal problema: "Nuestra prioridad estar receptivos y reactivos a la Palabra de Dios, fuente de vida, ya sea que venga escrita como la Sagrada Escritura o como la Palabra Encarnada, como Jesucristo, o como la palabra Corpórea, ya venga como se discierne en las reuniones de silencio, como la Palabra Interior de Dios en nuestros corazones y que nos es asequible a cada uno de los que buscan la Verdad".

Rose Adede es una maestra Keniana, escritora, y lideresa entre los Amigos del Africa Oriental. Actualmente está estudiando el doctorado, en Estudios Sociales y Filosóficos en Educación en la Universidad de Kentucky en los Estados Unidos de Norteamérica. También ha desarrollado sus discernimientos, su conocimiento histórico y sus habilidades en el Centro de Estudios Cuáqueros en Pendle Hill, cerca de la ciudad de Filadelfia, en la Escuela de Religión del Colegio Cuáquero de Earlham en Indiana, y en la Universidad Estatal de Morehead, también en Kentucky.



Tres imágenes han estado en mi mente, constantemente, en los últimos meses, mientras me preparaba para la tarea que esta noche me toca realizar con ustedes. Tuve constantemente la imagen de jóvenes, hombres y mujeres, algunos con pequeños bebés, juntos todos en un solo espíritu de unidad y listos para soñar y ver cristalinas visiones de un mejor futuro para los Amigos, en realidad para un mejor futuro para el mundo entero. Esta imagen de jóvenes Amigos contenía para mí una semilla de esperanza para un mañana mejor.

La segunda imagen que se me presentaba era la de miles y miles de cuáqueros, en el mundo entero, jóvenes y viejos, que sabían de la realización de esta Conferencia y que están rogando para que la reunión sea una bendición y un serio esfuerzo para tocar los corazones de los jóvenes aquí presentes y que son los líderes del mañana.

La tercera imagen que se sobreponía en mi mente y que no me dejaba descansar por un momento, era la de miles y miles de cuáqueros dispersos en todo el mundo y que no saben siquiera que se está realizando la reunión. Muy visibles en este grupo se me representaban miles y miles de mujeres cuáqueras del tercer mundo, como yo, que en sus localidades realizan las diarias tareas rutinarias de su vida. Muchas de ellas como las de mi propio pueblo, en la Kenia Occidental, que pasan la mayor parte de su tiempo trabajando en las hortalizas, arañando el suelo para cultivar alimentos; que luego van al arroyo a traer agua. Mañana sábado, es día de mercado y muchas como mi madre irán al sitio donde se realiza el mercado al aire libre, para comprar sus verduras, su caña de azúcar, quizás un poco de carne y otros artículos; mientras que otras irán a vender sus productos: vegetales, frutas, caña de azúcar, frijoles, verduras para obtener dinero que les permita comprar jabón, azúcar, quizás hasta un vestido.

El domingo estas mujeres despertarán muy temprano en la mañana y caminarán hasta el extremo del pueblo donde se encuentra la iglesia, para asistir al servicio dominical. Llenarán las bancas de la iglesia, dirigirán los cantos y el pastor les pedirá que oren. Ellas con vehemencia orarán para que Dios abra los ojos a los jóvenes cuáqueros en todas partes para que aumente su consciencia y para que activamente puedan proveer el liderazgo que nos lleve a un mejor mañana. Luego el pastor hará su prédica y al tiempo apropiado solicitará la ofrenda. Estas mujeres buscarán dinero en su bolso (algo de lo que quedó de las ventas y las compras del día anterior) y lo pondrán en los canastillos con la fe de que se usará para construir un mañana mejor. Al final del servicio, ya en la tarde, estas mujeres, sin tomar café o donas, platicarán entre sí, intercambiarán puntos de vista, y luego caminarán de regreso a sus hogares para llegar a casa y tomar sus recipientes para ir a traer agua del río. El lunes al salir el sol se levantarán y continuarán el hilo de su vida por el resto de la semana, determinadas a vivir, desafiando la inflación que las golpea tan duramente y desafiando también las guerras retumbantes que resultan en algunos casos de la inestabilidad económica y política que las rodea y en otros casos son el resultado de una mera lucha de poder de las potencias mundiales. Quítese a estas mujeres y se habrá quitado la resistente columna vertebral de sus familias y de las iglesias rurales.

Esta escueta imagen de las mujeres cuáqueras, que tipifica a muchas de las mujeres del. tercer mundo, fue la fuerza más poderosa y propulsora que por días me llenó y me aguijoneó con pasión para hablar esta noche. Para que aunque sea en mi voz, de modo simbólico, sea su palabra la palabra de un pueblo que necesita ser oído. Yo creo que tenemos algo con que contribuir al bienestar del movimiento de los Amigos a nivel mundial, así como tenemos también que ganar de sus enseñanzas, de entre ellas el testimonio de la sencillez.

Ahora continuaré y comenzaré a sopesar algunas cosas que atañen a la definición de los testimonios de los Amigos. Lo haré para ayudar a clarificar cuestiones y también para refrescar nuestra memoria de cuales son las características de estos testimonios, especialmente las del testimonio de la sencillez, que nos interesa mucho aquí esta noche.

De acuerdo con Hugh Barbour (quien en mi opinión es un excelente historiador cuáquero en nuestra época) "Se conoce a los Amigos desde el principio, por los estándares morales que incluían su posición sobre hablar siempre con verdad, sobre la sencillez, la igualdad y la guerra. . . . Los cuáqueros esperaban que sus acciones tanto como sus palabras fuesen un desafío para las conciencias y conductas de quienes les oían' Hugh, como Howard Brinton, reduce los testimonios cuáqueros a cuatro preocupaciones básicas: la honestidad, la igualdad, la sencillez y la paz.

Honestidad y Verdad.
En el caso del testimonio de la honestidad, tiene que ver con "hablar un lenguaje sencillo" rehusar hacer juramentos judiciales "fundándose" en la afirmación de que se debe hablar con verdad en todo tiempo y no sólo cuando se jura sobre la Biblia. En los negocios, la honestidad cuáquera se centra en "pedir y dar el precio de lo que los artículos realmente valen', Junto a la honestidad cuáquera, Hugh pone "el rechazo de nombres paganos para los días de la semana y de los meses, prefiriendo usar nombres simples como "noveno mes" en vez de "septiembre". Los amigos también rehusaron el uso de títulos nobiliarios.

La Igualdad
Por lo que se refiere al testimonio de igualdad, los Amigos siguieron la enseñanza de Jesús cuando decía: "A nadie llames amd'. La igualdad incluye también la creencia de que Dios "puede hablar libremente a través de quien se abre para recibir su mensaje", Más tarde esto los llevó a su fe en la igualdad entre hombres y mujeres y a la igualdad cultural.

La Paz
El testimonio de la paz, de acuerdo con Hugh, "se inicia con el rechazo a portar armas" y el rehusarse a pagar impuestos para la guerra. Este es el testimonio cuáquero más ampliamente dado en nuestros días, particularmente por los Amigos de los Estados Unidos y de Europa.

La Sencillez
Finalmente, el testimonio de la sencillez: De acuerdo con Hugh Barbour, "La sencillez cuáquera, como la igualdad y la honestidad, tuvo sus raíces tanto en la Biblia como en el puritanismo que atacaban el orgullo que se tenía por las costumbres o por la riqueza que se poseía". Así los Amigos optaron por vestir sencillamente, desprovistos de "cargas" o "lujos" o de "presunción". En el abogar y optar por un vestir sencillo, los Amigos advertían a los ricos que sus lujos estaban dados a costa de los pobres, que podrían comer y vestir con lo que ellos desperdiciaban y cuyas vidas se empleaban en crear lujos para unos pocos". En verdad que al abogar por la sencillez, "los Amigos eran sensibles al costo de los lujos: el cuerpo de los pobres y el corazón de los ricos".

Al ir dando un vistazo a la historia del movimiento cuáquero, John Woolman se me presentó como un Amigo que conscientemente vivió todos los testimonios cuáqueros y se me presentó como el Amigo que magníficamente ejemplificaba el testimonio cuáquero de la sencillez. Vistió ropa sin tintes, porque creía que los textiles teñidos, como toda forma de lujo, tenían conexión con la maldad. Así que vigilaba sus motivos; era un cuáquero que hizo un impacto efectivo y aumentó la conciencia del mundo de su tiempo para acabar con la maldad del explotador e inhumano sistema de la esclavitud.

Debo decirles que no hace mucho que sé de John Woolman, pero lo que de él sé hoy me basta. Supe de él por primera vez en 1977 en casa de Salome Nolega, una Amiga del Colegio de los Amigos en Kaimosi, Kenia. ¡No les sorprenda esto! Fue en la mañana de un sábado en que la visitaba. Salome era una de esos Amigos de alta estima que podía uno visitar a cualquier hora y conversar con ella con mucha tranquilidad, a pesar de las inmensas responsabilidades que tenía. Pues este sábado no la hallé en su casa así que decidí pasar el resto de la mañana en su biblioteca; estaba en uno de los estantes el libro de Elton Trueblood que se titula "Esa gente llamada cuáqueros" (The People Called Quakers) que llamó mi atención. El estilo sucinto de escribir de Elton me impresionó tanto que llevé el libro a casa y ahí lo leí de pasta a pasta. Hasta hoy día no recuerdo de que escribía Elton pero muy claramente recuerdo que a la mitad del libro yo me encontré con John Woolman por primera vez. La descripción de su vida me hablaba a mí, me parecía tener mucho sentido a mí, una cuáquera de Kaimosi y a más de doscientos años de la fecha de su muerte.

Estuve tan conmovida por la descripción de la vida y obra de John Woolman que no puedo expresarlo plenamente, pero oigan, esto era en 1977, tenía veinte cuatro años de edad; hacía dos años que había terminado mis estudios de licenciatura, ya era yo una maestra que tenía la esperanza de pasarle algo a sus alumnos. En el colegio donde estudié en Dar-es Salam me había graduado en literatura; en mis cursos había leído historias, ficción y otros libros que me habían provocado cuestionamiento sobre los cristianos, sus enseñanzas y su filantropía. En mis cursos de historia había leído del comercio de esclavos, del colonialismo, etc. y me decepcionó mucho leer que aún los cristianos, incluidos los Amigos, vendían, compraban y poseían esclavos; y por muchos años permanecieron callados sin hablar de este mal. Y aún aprendí que en los días de la Colonia hasta los misioneros tenían relaciones con los funcionarios coloniales al mismo tiempo que les decían a los colonizados que debían ser humildes pues así su recompensa en el cielo sería enorme. Había yo leído al poeta ruso Mayakovsky y al poeta y dramaturgo alemán Bertold Brecht, que escribía a los oprimidos alentándolos a levantarse y rebelarse ante la opresión. Había leído a Malcolm X, a Leroy Jones, a
Angela Davis, a Eldridge Cleaver y un puño de autores americanos que escribían sobre el movimiento de los Derechos Civiles y que hablaban del racismo como se daba en los Estados Unidos. Había leído "Los condenados de la Tierra" de Frantz Fannon, quien en un profundo análisis descubría condensadamente los trabajos y las mentes de los imperialistas que revelaba que hay más que añadir al triste estado de cosas en el mundo que lo que alcanzan a ver los ojos.

Así que para 1977 me tenían que dar mucho, pero mucho más que buena voluntad y amor como remedio para la pobreza, porque sabía que eso no era suficiente. Sabía que quienes sufren la pobreza y la opresión necesitaban ayuda para expandirse, de confianza en sus habilidades para controlar sus vidas y para usarlas para sí y para sus propósitos, y que la manera más significativa de expresar amor por los pobres y los oprimidos era trabajando con ellos en la activa iniciación, consecución y creación de cambios que lleven a tareas positivas de la construcción de un mundo que se base en la Paz y en la Justicia Social.

En 1977 por supuesto que tenía alguna idea de que los cristianos y especialmente los Amigos, con quienes estaba más familiarizada, hacían buenas obras de caridad, pero nunca antes había encontrado a alguien cuya vida constituía un desafío a mi comprensión intelectual, cuyo amor sin egoísmo y cuya devoción arrebató mi corazón y causó que reexaminara la clase de cuaquerismo que yo estaba tomando. John Woolman se alzó otra vez gallardamente contra el inhumano y opresivo sistema económico que prospera sobre la explotación de los esclavos. Y fíjense bien, lo que me conmovió no fue un grueso volumen o un buen sermón acerca de Woolman sino que fue el vistazo a una vida santificada y libre de grilletes o cadenas: una vida dedicada a hacer el bien contra todo el mal.

No fue sino hasta 1981, que vine a Pendle Hill, que pude comprar un ejemplar del Diario de John Woolman y me sumergí en la historia de su vida en sus propias palabras. En la primavera de 1984, en una presentación de clase, en la Escuela de Religión del Colegio de Earlham, Douglas Steere nos contó como la lectura del Diario contribuyó a propia convicción al cuaquerismo. Fue en esa vez que moviendo su índice nos lo dijo todo al exclamar: "¡Si no quieren tener nada que ver con los cuáqueros, no se acerquen a ese hombre!".

En la primavera de 1985 me volví a topar con John Woolman al leer a C.P. Groves, que creo fue un misionero presbiteriano, en uno de sus volúmenes de la obra "Planting Christianity in Africa" (Plantando el Cristianismo en África) cita las palabras de Rufus Jones: "Más que cualquier otro hombre, Woolman ayudó a las naciones de habla inglesa a abolir la desgracia del esclavismo". La fortaleza de John Woolman, que mandó un resonante golpe al sistema económico mundial inhumano y explotador, yacía en su decisión de vivir su vida sin trabas; estaba así libre para abogar convincentemente en palabras que eran congruentes con su manera de vivir la vida: se podía creer en él.

No voy a analizar, sintetizar o parafrasear el Diario de John Woolman, sé que muchos de ustedes lo han leído; los que no lo hayan hecho, háganlo, se los recomiendo mucho, consíganse su ejemplar y léanlo. Ni siquiera trataré de dar les paralelos entre las fuerzas del mal que John Woolman combatió en su tiempo y las que existen hoy día, pues no tenemos que alzar los ojos muy alto para mirar el sufrimiento de los africanos en Sudáfrica, los que como los esclavos del tiempo de Woolman, son explotados, discriminados y asesinados tan impunemente a la luz del día por arrogantes racistas y sus seguidores, que no quieren compartir la riqueza y el poder en su país.

Woolman desafió a los racistas de su tiempo, yo les propongo que nosotros tenemos que desafiar a los racistas del nuestro. Comenzando por esos empedernidos de Sudáfrica y luego con los más sutiles que están en nuestro propio movimiento cuáquero en nuestras escuelas cuáqueras, en nuestras Juntas y Conferencias cuáqueras. ¡El racismo de Sudáfrica es horrible y manifiesto pero el racismo que encontramos en nuestro mundo cuáquero es peor, porque es insidioso, canceroso porque será siempre protegido por el venero de la rectitud y por el rechazo de la idea de que exista entre nosotros! Y así seguimos conservándolo sin piedad. Este fue el racismo contra el que primero luchó John Woolman y contra el que se levantó y con el que molestó el falso descanso de las Juntas de Amigos cuando habló abiertamente de una nueva consciencia.

Hablar con calor y admiración de John Woolman, de su pensamiento, su obra y modo de vida, como yo lo he hecho, no es para sugerir que seguir el ejemplo de John Woolman para vivir el testimonio cuáquero de la sencillez sea algo fácil o aún deseable. No lo fue para Woolman mismo y ustedes estarán de acuerdo conmigo de que no sería fácil para ustedes o para mí en este tiempo y a nuestra edad, ya seamos ricos o pobres. Los que somos ricos, como hay tantos ricos en el mundo, sabemos que difícil es renunciar a nuestra riqueza y al poder que va con ella. Mientras que, para quienes conocemos la pobreza material, sabemos que molesto es cuando los ricos nos detienen en nuestras aspiraciones y no nos dejan subir la escala de la riqueza material y del poder que va con ella.

Pero es verdad, en este tiempo y a este día los pobres y los oprimidos de todo el mundo no pueden contenerse más. Esta consciencia se agudiza y se alzan en rebelión por todas partes. Aun cuando sea difícil o indeseable, la opción que representa el testimonio de la sencillez tanto para los ricos como para los pobres, yo propongo que esta es la única esperanza que puede tener un potencial para cambiar las cosas. Será diferente cuando estemos listos para compartir consciente e igualmente los recursos y el poder en el mundo, cuando estemos listos para detener la explotación del hombre por el hombre y para poner un alto a la avaricia de cosas materiales a costa de otras gentes, cuando estemos listos, en fin, para acabar con las raíces de maldad de la guerra.


Señal de esperanza
Por negra que sea la situación, hay señales de esperanza en algunas bolsas visibles de nuestro movimiento cuáquero y en varias partes del mundo:

(1) El hecho mismo de que esta noche podamos estar aquí sentados y aguantar el escuchar mis reflexiones sobre la sencillez es un signo de esperanza. No es este un tópico fácil ni para presentarlo ni para escucharlo. Pero ¿Quién ha dicho que Dios nos da fácil arbitrio?

(2) Por todos los campos de las Universidades, gente de nuestra edad hoy manifiestan su posición de retirar las inversiones en Sudáfrica. Esto es una afirmación simbólica a los inversionistas en el país del apartheid que sus ganancias se obtienen a expensas de los Africanos y de su país. Algunos jóvenes en el Colegio de Earlham tomaron esta posición en 1983 y usaron camisetas playeras con el mensaje "Earlham fuera de Sudáfrica. No más inversión en el apartheid".

(3) No es sólo esta noche que este tópico del testimonio cuáquero de la sencillez está tratándose; me sorprendió mucho que hace algunos meses, cuando ya había decidido tratarlo y después de que les había mandado una carta para confirmárselos, recibí en el correo un ejemplar de un folleto de Pendle Hill que trataba de los puntos de vista de "un cuáquero rico" sobre el testimonio de la sencillez y me dije: jAjá he aquí un cuáquero rico y hete acá una cuáquera pobre, enfocando su atención en un testimonio que ambos comparten! Las reflexiones de este cuáquero rico en 1985 venían acompañadas del testimonio, si se quiere, de los esfuerzos que había hecho para simplificar su modo de vida, de compartir su riqueza y de continuar buscando y observando sus motivaciones para la acumulación de su asombrosa riqueza. La historia de este cuáquero puede y debe multiplicarse. Elton Trueblood al escribir sobre Woolman comienza por señalar que Woolman fue único, el mejor de entre los cuáqueros, pero Elton insiste en que Woolman no debe tomarse como norma y a lo que yo respondí: ¿Pero por qué no?


La Asociación de amigos de los Amigos es una asociación de cuáqueros y de gentes que están en una búsqueda espiritual y que sin ser miembros de la Sociedad Religiosa de los Amigos, se sienten unidos por su interés en el enfoque que de la vida tienen los cuáqueros.

Asociación de amigos de los Amigos
Wider Quaker Fellowship
Un Programa del Comité Mundial de
Consulta de Los Amigos,
Sección de las Americas

1506 Race Street, Philadelphia
Pennsylvania, 19102, U.S.A.